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“Toda forma de arte permite que este mundo sea más amoroso”

Las cálidas tonalidades del otoño en el Alto Valle acompañan la voz de Mariana Rizzuto, invitada para esta nueva nota del Ciclo Somos. Docente, investigadora y escritora de Roca/Fiske Menuco, la entrevistada comparte reflexiones sobre distintas aristas de la literatura para infancias y juventudes, los territorios y el trabajo con palabras e historias en clave de cercanía. Una mirada sensible y atenta que se refleja también en sus libros “Un buen cielo” y “Nuestros días”, publicados por el FER.

Fecha: 2 de junio de 2026
Mariana Rizzuto, escritora, docente, investigadora de Roca/Fiske MenucoCrédito: Gentileza Mariana Rizzuto

Por Sebastián Carapezza

Mariana Rizzuto llegó en 2003 a Río Negro; vivió en diferentes latitudes de esta amplia provincia y hace ya varios años se radicó en el Alto Valle, en la ciudad de Roca/Fiske Menuco. Su trabajo diario combina docencia, investigación y escritura, con especial foco en las palabras para las infancias. Los libros que lleva publicados están dedicados a esos lectores y lectoras: “Lua feliz” (2013), “Lua enojada” (2015), “Un buen cielo” (2019) y “Nuestros días” (2023), los dos últimos editados a través del FER. Una breve presentación que vale completar en primera persona: 

- Soy de la ciudad de La Plata, pero la mitad de mi vida transcurrió en Río Negro, que es en definitiva el lugar que elegí para vivir. Si bien es duro mudarse tantas veces, también me permitió ver lo diverso de esta provincia y sus puntos de contacto. Aquí conviven quienes ya tienen su pertenencia y los que llegaron después, y esa mezcla resulta muy interesante. Por eso mi forma de conocer e investigar es leer lo que se escribe en cada zona y escribir algo que tenga que ver con ese territorio, es como una forma de ir enraizando en el lugar. 

- Hablando de territorios, ¿entendés que la literatura para infancias escrita en la Patagonia es diferente a la producida en el norte?  

- Para mí todas las literaturas tienen una identidad propia, es algo que estoy estudiando. Y lo característico no significa poner el nombre de una planta, o situar lo que se escribe en un determinado pueblo. No es eso, sino cosas que se reiteran, por ejemplo, la importancia de los cielos en estos lugares, el viento, los silencios, sus pájaros, entre otros elementos... También noto que en la literatura de esta región hay más espacio para lo no dicho, eso que el lector tiene que reconstruir. Si te ponés a estudiar la literatura de otras latitudes, también encontrás que tienen sus marcas propias. 
Sin ir más lejos, puedo pensarlo en mis obras. Vivo en el valle de Río Negro, en la Patagonia Norte. Aquí hay muchas chacras y, en ellas, gente que hunde sus manos en la tierra y conoce cómo crecen las semillas. Son personas coloridas que no le tienen miedo al sol ni a los vientos. Gente que nació en este territorio o que llegó buscando un lugar para vivir y hacer crecer sus sueños. Sin dudas eso me marcó. 
Es claro, por ejemplo, en la composición del libro-álbum “Nuestros días”. Estuve muchos años en Valle Medio, lo que me conectó con la producción del tomate que es muy importante en la zona, y que tiene un rol especial en ese libro. La historia es sobre una niña que vive en la chacra y que sueña con conocer el mar. Construí el personaje relacionándolo con la gente que hoy trabaja la tierra en el valle: trabajadores golondrina, que van migrando, llegan de lejos. Pensé en esa niña, en cómo el trabajo es una expresión cultural, y también cómo la imaginación nos conecta con el juego y nos salva de muchas cosas.
Me di cuenta tiempo después que en los dos libros publicados por el FER ya me estaba preguntando sobre la identidad… 

- Sos docente, escritora, investigadora, trabajás guiones de cine… ¿cómo te definirías en un párrafo?

- Puedo decir quién soy ahora, porque la verdad es que a lo largo de los años hubo diferentes Marianas… Con la edad vas aprendiendo que una no la misma persona toda su vida. En la actualidad estoy muy centrada en la formación de docentes, específicamente en literatura infantil y juvenil que es como mi batalla, mi bandera, en estos tiempos… Me parece que la cultura y cualquier forma del arte permite que este mundo sea más amoroso.
Entonces me defino como una persona que lee, escribe, que necesita compartir eso. Y poner en escena también lo que en esa tarea voy encontrando como preocupación y problema, que hoy es, principalmente, nuestro alejamiento de las infancias. Creo que estamos dejando de mirar a los chicos y chicas, niños y adolescentes. Y creo que los estamos dejando de lado porque esta sociedad se está poniendo cada vez más hostil, individualista, excluyente; parece cada vez más que lo único importante es el placer personal e instantáneo. En definitiva, estamos descuidándolos; están bastante solos… No por nada el 58 % de los niños en este país están debajo de la línea de la pobreza… 

- A propósito de ese panorama, ¿creés que se lee menos?

- No creo que se lea menos.  Si se mira a lo largo de la historia, se lee mucho más que en otros momentos, porque en la actualidad todo tiene palabras, desde un cajero automático, hasta el celular o un libro. Lo que cambian son las prácticas de lectura porque se lee fragmentado, en pantallas.
Lo que me parece más complicado que otros momentos es el acceso a los libros objeto porque resultan muy caros. Y además si los que compran los libros son los adultos, no suele haber real acceso de las infancias a la literatura, no resulta algo cotidiano. Por eso es tan importante el rol de la biblioteca popular o la escolar, muchas veces el único lugar que acerca a los chicos a la lectura.

- Volviendo a tu recorrido, ¿hubo cambios en tu forma de entender el oficio de escritora?

- Creo que lo que cambió es que me di cuenta que cuando tenés tu libro publicado, recién ahí comienza el trabajo. Porque escribir es algo que hacés siempre, aunque no se publique, pero cuando salís a las escuelas y leés tus textos con esos públicos, ahí es, para mí, donde nace el libro. En ese diálogo es donde germinan otras cosas de la publicación y me doy cuenta del verdadero poder que tiene ese objeto cultural en la mente de la gente. Es increíble lo que aparece en las  lecturas; las preguntas sobre por qué puse tal cosa y no tal otra… En definitiva cambió eso: tener mucho respeto hacia los momentos de intercambio. 
Por eso, cuando tenemos la suerte de publicar una obra, creo que hay que acompañarla: ir a una escuela, hacer una presentación, una charla… Estar atenta y militando ese libro pero también todos los otros que me gustan, autores u obras regionales por ejemplo… Me parece muy importante esto de leernos entre nosotros, que compartamos literatura. Porque es difícil que el libro de un autor que vive en una localidad de la Patagonia, llegue a muchos lectores. Entonces tenemos que ser generosos con eso. Fomentar ese intercambio, sobre todo de literatura que no está al alcance de las librerías o la web, es fundamental. Ese trabajito de hormiga lo hacemos, por ejemplo, con el Plan de lecturas de la provincia. Se trata de dar a conocer, nada más y nada menos.

- Por otro lado, en cuanto al trabajo de escribir, lo que creo es que cuando hay una historia genuina para contar, hay que arriesgarse y compartirla con otros - suelta  Mariana en una sola y valiente oración. El tema es de qué manera germina, brota y crece cada historia. Y con qué nutrientes. Pregunto entonces sobre metodologías de trabajo.
- Para mí la escritura es trabajo cotidiano, no es que espero a que llegue la inspiración. A lo largo de mi vida tuve diferentes formas de escribir, pero actualmente, como tenemos que trabajar muchas horas en otras cosas para poder sostenernos, no dispongo del tiempo que quisiera. 
Hace un par de años tuve la suerte de hacer un taller con Iris Rivera. En el último encuentro invitó a un escritor que se llama Sebastián Vargas, quien dijo algo que me marcó. Contó que muchas ideas se le ocurrían sobre todo cuando estaba en movimiento. Pero que la idea tenía que volver muchas veces, como si fuera el mar, recurrente como una ola que insiste y erosiona cada vez más, entonces ahí ya no podía desatenderla y tenía que escribirla en alguna parte.  A mí me sucede algo parecido, y a su vez creo que tiene que ver con los diferentes momentos de la vida.

- ¿Con qué autores, autoras u obras de la región te referenciás?  

- Justo ahora estoy investigando las publicaciones del FER y me tiene muy atrapada “Cómo meterme adentro de las cosas”, de Verónica F. Battaglia con Ileana Di Vruno, e ilustraciones de Candelaria Lozada. Es un libro que probé con adolescentes y es buenísimo porque es filosófico, y trae un montón de cuestiones. Me gusta mucho también “Ufiza. En un canto, un mundo”, de Anahí Mariluan y Alicia Pez ilustrando, una obra que me parece muy sensible y poética. 
Además, me encantan los textos de María Martha Paz, neuquina que tiene la editorial "Del Manzano”. Ella se anima a escribir novelas, algo que no es tan habitual para quien escribe poesía o cuentos para chicos. Incursiona en ese género y está buenísimo porque abarca otras edades.
A nivel nacional me gustan un montón de autores, pero sobresalen María Teresa Andruetto; María Wérnicke, que es ilustradora y escritora; Pablo Bernasconi que me parece muy genuino.

- ¿Qué estrategias editoriales faltan en relación a la literatura para infancias?

- Estoy terminando una Maestría de literatura infantil y juvenil en la Universidad de San Martín y elegí como tema de tesis analizar la colección de literatura infantil del FER. Así que realicé toda esa variada y necesaria recopilación. Me interesa mucho situarme en el inicio de ese organismo como política pública, que surge en el país con el regreso de la democracia que fue un renacer en muchos sentidos, y entre ellos el cultural tenía un espacio muy importante.
Creo que es algo que hay que recuperar, nombrar y analizar: qué tienen en común esos libros para infancias; cómo y sobre qué escribieron y escribimos quienes habitamos este territorio. Y a su vez indagar sobre la concepción de infancia que hemos ido creando en estos tiempos. Esa es la idea principal, más allá de recuperar toda la movida cultural que hubo alrededor y en vinculación con el FER desde su creación, su trabajo con otras instituciones, con programas de lectura, entre otros. 
Sin dudas, me parece muy valioso como política pública que la provincia tenga una editorial, que, con todos sus vaivenes, tenga más de 40 años de funcionamiento. También es muy importante el Plan provincial de lecturas. Y creo que deberían tener un poco más de fortaleza... 
Muchas veces siento que no son suficientes y que se requiere la decisión política de destinar más recursos y capacidad de alcance. Es que si no hay lectores y lectoras, los libros no tienen sentido. Entonces hay una pata muy importante que debe estar más presente que es la formación de lectores en las distintas comunidades, y eso se hace no solo publicando los libros, sino también con encuentros de escritores, concursos, talleres, articulando con las escuelas y las bibliotecas. 
Además, el tiempo de ocio en la actualidad es algo contracultural; poca gente tiene tiempo y dinero para ir a ver una película o para comprarse un libro… Es difícil pedir que se compre una obra cuando las familias están pagando sus alimentos en cuotas. Por eso la importancia de esas acciones y espacios en estos tiempos es central. 

INFANCIAS PATAGÓNICAS

Una definición simplificada dice que un libro-álbum es una obra “donde texto e imagen se integran indisolubles, en la construcción de significados”. Ese es el formato de las dos creaciones de Mariana y la ilustradora Marina Hernalz, que fueron premiadas en convocatorias del FER: “Un buen cielo” y “Nuestros días”. 
Sobre la última, el jurado del concurso puso de relieve no solo el manejo del código sino aquello identitario que ya se hizo presente en las palabras de la autora. Entre los argumentos de selección se lee por ejemplo que la obra invita a una “lectura activa, a establecer relaciones e interactuar con esa fugaz muestra de la vida en esas chacras patagónicas, que resulta significativa y elocuente de la cultura de sus habitantes”; o que las ilustraciones “amplían e intensifican, no sólo la belleza del universo ofrecido, sino que aportan elementos sobre el espacio/tiempo, rasgos étnicos de los personajes y costumbres del diario vivir en esa zona”; también la destacan como portadora de “una sencillez que impacta por su hondura”. Motivación de sobra para, además de leerlos, querer conocer el detrás de escena de esos libros…

- ¿Cuáles fueron las búsquedas que motorizaron los libros publicados por el FER?    

- Como decía, creo que las dos obras traen cuestiones de la identidad. Si bien son historias diferentes, con niñas que habitan territorios distintos -una el valle; la otra, la estepa-, ambas tienen que ver con mostrar algo más amplio de lo cultural de esos lugares. Otro denominador en común son los personajes femeninos, las niñas –en realidad, todo lo que escribí hasta ahora está protagonizado por niñas. Por otro lado, las ilustraciones de esos dos libros fueron realizadas por la misma artista, Marina Hernalz, que nació en Choele Choel, y su arte también les aporta un color particular. 

- ¿Cómo se arma el diálogo texto-imagen?

- En el caso de “Un buen cielo”, primero estuvo el texto, es decir, Marina realizó sus hermosas ilustraciones con el texto ya terminado. En cambio en “Nuestros días”, trabajamos juntas la diseñadora gráfica, la ilustradora y yo, los tres lenguajes que tiene el libro-álbum. 
En esa obra escribí un texto, se lo envié a la ilustradora, pero no nos convenció los que salió primero porque los dibujos repetían lo mismo que el texto enunciaba. Entonces, como nos gustaban muchos las imágenes, probé cambiar los textos. Finalmente, después de varias idas y venidas, y de casi empezar de cero en algún momento, fuimos trabajando a la par y se sumó la diseñadora, que fue pensando en la tipografía, en tamaños y otras cuestiones de estilo. Sin dudas fue un trabajo muy hermoso porque fue realmente una creación colectiva.
Desde la idea hasta la publicación ese libro nos llevó dos años de trabajo bien intenso; hicimos mentorías con profesionales que nos ayudaron a revisarlo; también tuvimos que dejarlo descansar para que finalmente surja y se haga posible. Fue un proceso intenso pero lindo. 
Entonces, cuando fuimos seleccionadas por el FER, por un lado nos sorprendimos y por otro no: nos alegramos porque siempre pueden no seleccionarte, y siempre son más las veces que nos dicen que no. Pero como era un trabajo realizado tan a conciencia, muy pensado, creíamos que al menos una mención íbamos a obtener. Y no nos equivocamos. 

- “Un buen cielo” cuenta con un texto de contratapa escrito por Luisa Calcumil, ¿qué significa ella para vos?

- Sin dudas es una referente cultural, una artista con todas las letras. Ni bien tuve el borrador del libro se lo fui a mostrar y un poco a pedirle permiso, porque la imagen que allí aparece de la niña hablándose en el espejo en su lengua, me la contó ella. Es una experiencia real y me quedó muy grabada; la tomé y la uní con relatos de mis estudiantes que me contaban situaciones muy similares. Así fui recopilando todas esas anécdotas y experiencias que aparecen en el texto. Entonces para mí, la palabra de Luisa significaba mucho. Si ella me hubiera dicho que el texto era pretencioso, creo que no me hubiera animado a enviarlo al FER, donde finalmente fui seleccionada en 2019. 

VUELA EL PEZ

“Mientras los días de verano se estiran como la sombra, los sueños de una niña crecen en medio de una plantación de tomates. ¿Cuáles son tus sueños y a quién se lo contás?”, nos pregunta Mariana en uno de sus libros. Indago sobre los suyos en el hacer literario.

- Estoy terminando un libro también con Marina Hernalz, de poemas para infancias, específicamente de caligramas. Fue buenísimo el proceso porque estuve como un año jugando a hacer formas con poemas. Además con ese libro apostamos a armar una editorial independiente, chiquita, nuestra, y esa sería la primera publicación. En ese camino nos asociamos a otra editorial de Fiske Menuco, y estamos terminando de hacer la maqueta para ver cómo lo financiamos. Ese es el proyecto que actualmente me tiene más entusiasmada. 
Por otro lado, desde el año pasado sostengo un taller dedicado a la escritura para las infancias. Es un espacio que auspicia el Municipio de esta ciudad, y se llama “Vuela el pez”, como la canción de María Elena Walsh. La experiencia del primer año resultó muy buena porque participaron nada menos que 18 personas y se generaron cosas muy interesantes… Tanto es así que estamos por publicar una antología con una selección de esos textos.
Así que en abril comenzamos el segundo año, y estoy explorando este proceso. Sin dudas me encanta ver de qué manera crecen otros escritores. Me parece que hay que fomentar esos espacios para que existan más personas escribiendo, ilustrando, haciendo cultura en general…. Quienes escribimos este tipo de libros nos vamos buscando entre nosotros para juntarnos.

- ¿Alguna postdata?

- Quisiera que la escritura patagónica y los lectores de la región, se encuentren. Que se forme una comunidad. Que sea una suerte de cruzada para no sólo fortalecer los lazos entre quienes plasman historias y quienes las disfrutan sino también y sobre todo, entre quienes estudian en ese lugar para transformarse en docentes que, a su vez, siembren la escritura y la lectura patagónica y guíen a sus futuros alumnos por ese camino. Una rueda.
Es por eso que estaría bueno que existan más conexiones entre los diferentes encuentros, talleres y ferias del libro... La literatura infantil y juvenil siempre queda como un poco al margen, como si fuera una subliteratura. Si bien es una discusión muy vieja, en las prácticas todavía se percibe,  y está bueno abordarla porque la literatura es una sola, y los recursos son los mismos. En definitiva creo que a la literatura infantil habría que darle un poco más de relevancia.

Nada más. Nada menos.

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Fotos: Gentileza Mariana Rizzuto.
Ciclo Somos │ Coordinación, prod., edición: María Eugenia Aliani - Entrevista: Sebastián Carapezza

 

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